juanjo junoy
Vamos mi amor. Déjame que te ayude con las piernas para que te puedas subir al coche. Te voy a poner el cinturón de seguridad para que estés quieta en el asiento y no andes dando tumbos por todas partes. Acuérdate que el camino tiene muchos hoyos y luego el carro brinca mucho. Ahora que tenga dinero lo voy a cambiar y va a ser más cómodo manejar. Se te ven muy bien los lentes oscuros. Así puestos, cualquiera diría que ves perfectamente. Lo bueno es que como no se te notan los ojos nadie se da cuenta de que no puedes mirarlos. Es una pena mi vida, porque hoy el día está muy clarito. No hay una sola nube y el cielo tiene un color azul suave suave. Parece que es casi transparente y se pudiera ver el otro lado. Aunque en realidad no haya. El otro día un amigo me platicó que se supone que el universo es como una esfera pero que nunca se termina. Nosotros estamos adentro y aunque corriéramos durante toda la eternidad hacia adelante, nunca llegaríamos al otro lado sino que volveríamos a donde salimos. Bueno, ya podemos ir a pasear. Tú no te preocupes por nada. Yo te voy contando lo que veamos y así te enteras. Sólo acuérdate de estar callada para que me escuches. Oye, ese vestido azul te queda muy bien. Me alegro de habértelo puesto. Lástima que no sea tu preferido porque siempre me trae buenos recuerdos. Ya estamos saliendo de nuestra calle y se distinguen a lo lejos los árboles del parque. Allí fue cuando te ví por primera vez. Tenías cuatro años y yo ocho. Nunca supe tu nombre hasta que cumplí los quince. ¡Quién iba a pensar que terminaríamos casados! Me acuerdo de tu vestido esa noche. Te veías lindísima con el velo encima de la cara separándote de las cosas como ahora el vidrio del carro. Y no me digas nada porque no lo voy a bajar. Hace mucho frío y tampoco quiero que la gente se acerque a platicar cuando nos paremos en el semáforo. Además qué les vas a contar. Llevas tanto tiempo metida en la casa que ya no sabes nada de lo que está pasando afuera. Ni siquiera vamos a las fiestas a las que nos invitan. Yo sé que te es muy difícil moverte y todo eso pero a veces creo que me deberías haber dejado ir a mí solito. Ya ves lo que pasa. Por cierto, ¿cómo sigue tu pecho? Espero que esté mejor porque en la mañana no se veía muy bien. Ya nos tocó un semáforo. Y fíjate, los Fernández están al lado. Te voy a ayudar a que subas la mano para saludarlos. Espero que no te moleste, hay que ser cordiales con los demás para dejar una buena impresión. Tú lo has dicho muchas veces. Ya arrancaron y se despidieron muy amables. Qué lástima que no los hayas podido ver porque ella te mandó muchos besos, se nota que te quiere mucho. Por cierto, hoy te llamaron por teléfono. No sé quién era pero sí que se trataba de una mujer. Le dije que estabas indispuesta y que te dejara un mensaje pero no quiso. Además se le notaba la voz rara. Como si no quisiera hablar conmigo pero no se me ocurre nadie. ¿Tú no has estado haciendo llamadas a mis espaldas verdad? Siempre te he dicho que eso se merece un castigo muy fuerte. Sabes que yo no soy celoso como otros pero tampoco quiero que andes por ahí hablando con cualquiera como si fueras una fulana. No estoy dispuesto a discutir sobre eso así que quédate calladita como hasta ahora. Si vieras lo bien que se siente. De verdad no sé cómo no se me ocurrió antes matarte mi amor.