|
Vamos
mi amor. Déjame que te ayude con las piernas para que te puedas subir
al coche. Te voy a poner el cinturón de seguridad para que estés
quieta en el asiento y no andes dando tumbos por todas partes. Acuérdate
que el camino tiene muchos hoyos y luego el carro brinca mucho. Ahora que
tenga dinero lo voy a cambiar y va a ser más cómodo manejar.
Se te ven muy bien los lentes oscuros. Así puestos, cualquiera diría
que ves perfectamente. Lo bueno es que como no se te notan los ojos nadie
se da cuenta de que no puedes mirarlos. Es una pena mi vida, porque hoy
el día está muy clarito. No hay una sola nube y el cielo tiene
un color azul suave suave. Parece que es casi transparente y se pudiera
ver el otro lado. Aunque en realidad no haya. El otro día un amigo
me platicó que se supone que el universo es como una esfera pero
que nunca se termina. Nosotros estamos adentro y aunque corriéramos
durante toda la eternidad hacia adelante, nunca llegaríamos al otro
lado sino que volveríamos a donde salimos. Bueno, ya podemos ir a
pasear. Tú no te preocupes por nada. Yo te voy contando lo que veamos
y así te enteras. Sólo acuérdate de estar callada para
que me escuches. Oye, ese vestido azul te queda muy bien. Me alegro de habértelo
puesto. Lástima que no sea tu preferido porque siempre me trae buenos
recuerdos. Ya estamos saliendo de nuestra calle y se distinguen a lo lejos
los árboles del parque. Allí fue cuando te ví por primera
vez. Tenías cuatro años y yo ocho. Nunca supe tu nombre hasta
que cumplí los quince. ¡Quién iba a pensar que terminaríamos
casados! Me acuerdo de tu vestido esa noche. Te veías lindísima
con el velo encima de la cara separándote de las cosas como ahora
el vidrio del carro. Y no me digas nada porque no lo voy a bajar. Hace mucho
frío y tampoco quiero que la gente se acerque a platicar cuando nos
paremos en el semáforo. Además qué les vas a contar.
Llevas tanto tiempo metida en la casa que ya no sabes nada de lo que está
pasando afuera. Ni siquiera vamos a las fiestas a las que nos invitan. Yo
sé que te es muy difícil moverte y todo eso pero a veces creo
que me deberías haber dejado ir a mí solito. Ya ves lo que
pasa. Por cierto, ¿cómo sigue tu pecho? Espero que esté
mejor porque en la mañana no se veía muy bien. Ya nos tocó
un semáforo. Y fíjate, los Fernández están al
lado. Te voy a ayudar a que subas la mano para saludarlos. Espero que no
te moleste, hay que ser cordiales con los demás para dejar una buena
impresión. Tú lo has dicho muchas veces. Ya arrancaron y se
despidieron muy amables. Qué lástima que no los hayas podido
ver porque ella te mandó muchos besos, se nota que te quiere mucho.
Por cierto, hoy te llamaron por teléfono. No sé quién
era pero sí que se trataba de una mujer. Le dije que estabas indispuesta
y que te dejara un mensaje pero no quiso. Además se le notaba la
voz rara. Como si no quisiera hablar conmigo pero no se me ocurre nadie.
¿Tú no has estado haciendo llamadas a mis espaldas verdad?
Siempre te he dicho que eso se merece un castigo muy fuerte. Sabes que yo
no soy celoso como otros pero tampoco quiero que andes por ahí hablando
con cualquiera como si fueras una fulana. No estoy dispuesto a discutir
sobre eso así que quédate calladita como hasta ahora. Si vieras
lo bien que se siente. De verdad no sé cómo no se me ocurrió
antes matarte mi amor. |