¿Cómo de que no?
|
En la televisión bajó la luz y apareció la toma de un pantano donde varias ranas, o sapos a juzgar por el tamaño, entonaban una especie de rap con el característico sonido de su croar para después convertirlo en el nombre de una marca de cerveza. Regresaron los videos musicales. Había pasado toda la tarde sentado frente al televisor sin cambiar los canales. Mantenía el control remoto en la mano como si fuera un arma para amenazar a los encargados de la programación, para reordarles que era él quien decidía si veía algo o no. Una mujer apareció en la pantalla. Movía su cuerpo al ritmo de la música que recordaba vagamente los tambores del vudú. Parecía querer hechizarlo con el movimiento de las caderas. Usaba unos pantalones azules muy apretados al cuerpo en la cintura que se ensanchaban al llegar a las pantorrillas para terminar casi pegados al piso escondiendo los zapatos que se adivinaban a veces: gruesos y con tacón alto. El ombligo lo tenía descubierto y parecía un hoyo negro por la poderosa fuerza con que atraía la cámara. Seguro el camarógrafo es un viejo libidinoso- pensó, mientras imaginaba cómo se sentiría tocar ese vientre que se contoneaba frente a él como si estuviera en la cabina de un sex shop observando a una striper. Se le ocurrió que estaba teniendo los mismos pensamientos que el camarógrafo y decidió que había aguantado demasiada manipulación por un día. Ejerció su poder con el control remoto y se quedó unos instantes mirando el televisor apagado. |
©juanjo junoy 2000