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Todos los días leo en el periódico sobre un asesinato. Los artículos parecen como si los hubieran escrito una sola vez y luego los publicaran cambiando la cantidad de balazos y el lugar del cuerpo en que la víctima los recibió. A veces lo que se modifica es el arma: navaja, machete, el cuchillo de la cocina, un martillo oxidado o la barra de metal que se usa para asegurar el volante del carro y que no te lo roben. Los motivos tambien son diferentes: infidelidad, una pelea por el punto de drogas, trece pesos devaluados que se debían desde hace tiempo , una tuerca de pensamientos apretando el cerebro del hombre que se retuerce en pesadillas todas las noches. A mi lo que me gusta es eso, lo planeado. Y el que lo planea. Me gusta imaginar las motivaciones enfermizas que se van engranando como en las máquinas enormes de la revolución industrial dentro de la cabeza. El conflicto constante. Las dos personalidades que ignoran la existencia de otro en el cuerpo que ocupan, los metódicos y obsesivos que transforman su inteligencia en un arma certera, los impulsivos que planean macabras complicaciones para no parecerlo; todos los filamentos quemados de la realidad. Los voy detectando uno a uno y como el jardinero anciano y experto que soy, los separo con paciencia de los demás, los arranco . Y lentamente los estrangulo para poder llorar. |