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¿ De qué hablarán consigo mismas esas personas que consideramos locas? Los desahuciados, los deshechables, los sin-hogar. El mundo subterráneo de las grandes ciudades está lleno de ellos. Los encontramos de repente vagando en una esquina, encaramados sobre sí mismos en las escaleras vacías de un gran edificio a media noche cuando el frío es tan intenso que pone la piel de un color similar al de la luna. A veces podemos verlos cruzando las calles con un andar esquivo y milagrosamente llegar al otro lado, escondiendo su magra humanidad en las sombras de un parque abandonado, hurgando en montones malolientes de basura o simplemente tirados sobre el asfalto medio cubiertos por cajas de cartón húmedas de tanta lluvia que han soportado. Pero siempre hablando. La mayor parte de las ocasiones a media voz, en un susurro ininteligible. Pero también a gritos, como si sólo así pudieran sus palabras ser escuchadas entre la maraña de angustias y mierda y rechazos y hambre y dolor que los componen. Siempre gesticulan. Mueven los brazos raquíticos con una energía inexplicable. Sus gestos llenan la cara de arrugas milenariamente repetidas como si cada uno de ellos no fuera sino un espejo de los demás. Tal vez también la conversación sea la misma en todas partes: Bogotá, Calcuta, Nueva York, Ciudad de México, Yakarta, Beijing. No importa dónde. Ni el idioma. El dolor es igual, la soledad se repite incesante como el desprecio. La sangre siempre corre hacia el piso. Y siempre es roja. ¿Qué se necesita para ser uno de ellos? ¿en qué momento todas las situaciones, los pensamientos, la memoria, se confunden lo suficiente para perder el control de uno mismo y salirse de forma tan definitiva, tan radical, del cauce de la normalidad, de la corriente? Tal vez haya una clave escondida entre todas esas palabras que parecen no tener sentido. Quizás cuando uno escucha con atención y encuentra el sentido es que lo pierde igual que ellos. No lo sé. Pero al menos esta última alternativa tiene algo de poético. Y en la poesía, dicen, están todas las respuestas.
juanjo junoy ©2001 |