|
Lo más dificil de todo es perder la piel. Cuando te quedas sin ella es como si no hubiera más máscaras que ponerse. En ese instante tus silencios dejan de tener sentido pues nada te oculta de los demás. No queda una sola roca tras la cual puedas esconderte. A veces ocurre cuando haces el amor. Sobre todo si las caricias son tan fuertes como para rasgar surcos en la piel. De eso se trata al fin y al cabo. De rasgar surcos. De abrir camino o excavar la mina donde se pueda hallar el petróleo del placer. Si no ¿para qué entonces penetrar en otra persona? O peor aún, recibir a alguien dentro. Siempre he creído que esa es la diferencia esencial entre los dos sexos. Uno entra y el otro es penetrado. Eso tiene que modificar radicalmente la perspectiva ante la vida. De ahí se deben desencadenar todas las sutiles (y las obvias) diferencias entre hombre y mujer. Desde la manera de encarar una relación hasta el ser más o menos ordenado o estructurar los pensamientos de una forma u otra. Al final, lo único que termina importando es lo físico. La genética. Ortega y Gasset dijo algo de las circunstancias ( muy manoseado, por cierto) pero lo que hemos ido descubriendo es que las circunstancias afectan de distinta manera según los genes. Y no se trata solo de los famosos X y Y que determinan el género sino de cada uno de ellos. Y de la suma de todos funcionando ( aquí aplica perfectamente aquello de que el todo es mayor que la suma de sus partes). El Proyecto Genoma Humano habrá descifrado y hecho el mapa completo del ser humano a nivel genético para el año 2050 y algunos científicos independientes han prometido que lo lograrán antes. Para ese entonces, además de comprender mejor las enfermedades más elusivas y la forma de acabar con ellas, podremos irnos acercando a la solución de ese problema que tanto nos separa a los seres humanos en dos grandes grupos: ellos y ellas. Podremos saber si ese fatídico gen influenció tanto los demás como para que la diferenciación llegara a acentuarse tanto y permitirnos distinguir claramente a un hombre de una mujer por su sentido de la dirección o la manera de enfrentar los problemas. Pero lo más importante de todo es que podremos saber si en realidad los hombres son de Marte y las mujeres, de Venus.
juanjo junoy ©2001 |